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El gran vidente húngaro Semmelweis, quien, según frase de Schroeder, debe figurar muy justamente en primera línea entre los bienhechores de la Humanidad

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Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_Felipe_Semmelweis  

"El deber más alto de la medicina es salvar la vida humana amenazada, y es en la rama de la obstetricia donde este deber es más obvio." I. F. Semmelweis
"Expulsad la fiebre y no a las parturientas"

SEMMELWEIS Y LA INFECCION PUERPERAL

Un momento cumbre en la evolución de la Obstetricia (quizás el más importante), fue cuando se alzó Ignacio Felipe Semmelweis emprendiendo una lucha tenaz para evitar la fiebre puerperal. Fue en 1846 cuando, en su sala de la Maternidad de Viena, ante la inquietud de ver morir 459 mujeres por fiebre puerperal, consigue adivinar la causa que produce tal estrago, y concibe la manera de atajarlo.

Llega a sentirse convencido de poseer la verdad, y por ello ordena que a todo reconocimiento genital de las parturientas preceda un lavado de la mano con solución de hipoclorito cálcico. El año 1848, con un contingente de paridas análogo al de años anteriores, sólo mueren 45 pacientes por tal causa; con aquella práctica profiláctica, la mortalidad desciende a 1,27 %, y más tarde, cuando dirigió la Maternidad de Pesth, consiguió reducirla a 0,85 %. En aquella época, las frecuentes epidemias de fiebre puerperal tenían hasta un 33% de mortalidad.

Absolutamente convencido Semmelweis de que la fiebre puerperal dependía «de substancias descompuestas, procedentes del exterior o de partes que debieran ser eliminadas (placenta, coágulos) y que se hacían gangrenosas antes de expulsarse», y comprendiendo, por otra parte, que si se evitaban tales hechos se impedía la aparición de la enfermedad, defiende con ardor incansable su tesis. Por medio del célebre Skoda, consigue hacer llegar, en 1849, sus resultados, en una comunicación, a la Academia de Ciencias de Viena, por la que recibe toda suerte de plácemes; no cesa de enviar comunicaciones las revistas médicas, y, pertrechado con sus observaciones e investigaciones, y sobre todo con los magníficos y persistentes resultados obtenidos, publica en 1861 su trascendental obra de 540 páginas acerca la «etiología, naturaleza y profilaxis de la fiebre puerperal». En 1862, se dirige a todos los profesores de Obstetricia, en carta abierta, conminándoles a seguir su ejemplo, empeñado en convencer a los incrédulos. Más todo fue en vano; surgieron encarnizados detractores, entre ellos el mismo Virchow, y aun otros colegas que fueron testigos de sus éxitos. Se ve obligado a abandonar la Maternidad de Viena, y pasó a dirigir la de Pesth, donde, sea por efecto de la lucha agotadora o también por haberse contagiado en una autopsia, contrae una enfermedad cerebral y muere a los 46 años de edad.

Siebold, profesor entusiasta del progreso obstétrico, escribe, en 1861, que perdona a Semmelweis, de quien dice ser conocido y amigo, aunque se siente ofendido porque en la carta abierta dirigida a los profesores de partos «Semmelweis le quería quemar con los rayos del sol puerperal, y ello por no haber aceptado sin reservas su opinión sobre la fiebre puerperal y los medios de prevenirla ».

Fueron pocos los convencidos que en la época aceptaron las ideas de Semmelweis, sin embargo, hemos de reconocer que entre ellos se contaron el eminente anatomopatólogo Rokitansky, el célebre dermatólogo Hebra, y Skoda, el pontífice de la Clínica Médica de la Escuela de Viena. Coetáneamente, en la Academia de Medicina y en la de Ciencias de Paris se tomaba en cuenta una proposición, en la que se aconsejaba, teniendo presente la enorme mortalidad puerperal en las Maternidades, cerrarlas o restringir el contingente de albergadas, para que los partos fueran asistidos a domicilio; a esto objetó Mattei, en un folleto publicado a raíz de este incidente: «Expulsad la fiebre y no a las parturientas».

Hasta 1875 no fue aplicado debidamente el método de Semmelweis; esto ocurrió en la Clínica de Bischoff. A continuación empieza lo que poéticamente denominara Varnier la marcha hacia la estrella, es decir, las investigaciones de Pasteur, Lister, Tarnier Y tantos otros, la antisepsia, la asepsia y las técnicas actuales; pero esto es ya otra historia, como decía el novelista, mejor dicho, es la segunda parte de la historia: la primera la dejó sellada con su vida el gran vidente húngaro Semmelweis, quien, según frase de Schroeder, debe figurar muy justamente en primera línea entre los bienhechores de la Humanidad, y, además, justo es recordar que su obra se anticipó con mucho a cuanto con el progreso de la bacteriología se ha podido realizar más tarde en la lucha contra la infección puerperal.

Historia de la Ginecología y Obstetricia.

Daniela Galliano